Había una vez una sirenita verde. Vivía en el mar. Por el día jugaba con los peces a las atrapadas y a los escondidos, y por las noches dormía en un banco de coral; y cuando había tormenta, nadaba hacia lo profundo donde el agua estaba tranquila; allí estaba su jardín de sagazos. La sirenita importunaba a la calamar que vivía allí. El calamar se ponía muy bravo y teñía el agua de negro con su tinta, y la sirenita reía y cantaba una canción:
Verdes olas,
ustedes, rápidas,
vengan de lejos,
sean mi vestido:
es de noche al medio día.
Por la nocge venía su padre, el tritón, que tenía una barba larga como las algas y arrugas en la frente, y le contaba historias sobre ballenas, sobre magos o acerca del mundo.
-¿Es grande el mundo? -preguntaba la sirenita verde.
-Muy grande -respondía el tritón.
-¿Y hay seres extraños en el? -preguntaba la pequeña sirenita verde.
-Algunos -decía el padre-. Son semejantes a nosotros, pero no tienen cola de peces, sino piernas, con las que se mueven por la tierra.
-¿Sin cola de peces? -dijo la sirenita verde-. ¡Deben ser muy raros!
-Tambien yo encuentro más bellas la s colas -dijo el tritón-, pero uno no nunca debe reirse demasiado pronto de lo que no conoce.
Entonces la sirenita verde se fue a dormir.
Cada año, cuando las anquilas emigraban al sur, el padre de la sirenita le regalaba una perla y un animal marino como como compañero de juego: en una ocasión un pez luminoso; en otra, un pez redondo; otra vez un caballito de mar; otra un caracol; otra un calamar; otra vez le regaló una anemona de mar cuyas fibrillas brillaban, y otra un cangrejito.
-Gracias -decía la sirenita verde-, ¿por que me regalas algo más?
-Es tu cumpleaños, eres un año más vieja -respondía el tritón.
-Entonces tengo tantos años como animalitos marinos me has regalado?
-Bien pensado -dijo eltritón-; te daré un beso por cada animalito que te he regalado.
-Ah, mis animalitos nadan por aquí y por allá y podrías olvidar alguno. Mejor me das un beso por cada perla. Si por cada cumpleaños me has regalado un animalito y una perla, debe haber tantas perlas como animalitos.
-Otra vez bien pensado -dijo el padre, y le dió nueve besos.
-Y ahora te pondré una perla en cada arruga -dijo la sirenita verde-; tal vez se te quiten así.
-Tienes tantas arrugas como yo tengo perlas -dijo ella-; ¿se te hace una nueva cada año?
-Es posible -dijo el tritón-; uno va ganando experiencia y ve cosas peligrosa.
-Entonces, ¿es mejor quedarse tonto? -pregunto la sirenita verde.
-Quedarse tonto también es peligroso -dijo el tritón-, y además hace engordar; pero ahora debes irte a dormir.

